La Segunda Guerra Mundial caló, y mucho, en Rumanía y Bucarest quedó completamente devastada por la guerra y por el gobierno de Nicolae Ceaușescu. Caminar por las calles de Buscarest es extraño, una mezcla entre tristeza y vitalidad al mismo tiempo. Prácticamente no existen edificios enteros, los suelos y fachadas están hechos añicos. Sin embargo, el traqueteo de la gente, el ambiente de los bares y la música callejera que adorna las calles hasta en los días más nevados advierten que es una ciudad divertida y alegre en sus adentros.
Sin duda, lo que más me gustó de Bucarest fue pasear. Es, con diferencia, el lugar del que más fotos conservo, pues en cada paso que daba encontraba una estampa digna de fotografiar. Ojalá algún día Rumanía levante los escombros entre los que viven sus habitantes. Mientras tanto, ¡qué bonito es caminar entre ellos!

























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