¡Hola amigos y bienvenidos un mes más a La Maleta de Pauli!
Empieza a achuchar el calor, y yo solo puedo sentirme la persona más afortunada del mundo al trabajar todos estos meses en plena playa. Me gustaría estar de viaje por el mundo adelante, pero ya que me tengo que quedar a ahorrar para lo que se viene, hacerlo cerquita del mar no es para quejarse. Espero que todos estéis teniendo un verano lleno de sol, cerveza fresquita y diversión, porque hoy llega un nuevo post (justo lo que os faltaba para completar vuestra felicidad).
Desde hace un par de meses estamos recorriendo Viena y sus increíbles monumentos, por lo que este mes no podía ser de otra forma. En el post de hoy visitaremos uno de los lugares más bonitos e indispensables de la capital austriaca. No te muevas de donde quiera que estés porque…
EMPEZAMOS
El Palacio Belvedere alberga uno de los museos de arte más importantes de la ciudad, aunque en sus inicios fue construido para ser residencia de verano del Príncipe Eugenio de Saboya. Se trata de una de las paradas indiscutibles para cualquier amante del arte que visite Viena, ya que cuenta con obras de Gustav Klimt, Egon Schiele y Oskar Kokoschka. La más conocida, el famoso cuadro de “El Beso”.

El exterior del Palacio es cierto que decepciona un poco teniendo en cuenta que existen otros como el Palacio Hofburg o el Palacio Schonbrunn que son bastante más impresionantes. Sin embargo, sí merece la pena visitarlo y recorrer el enorme jardín francés que hay en su interior. Además, la entrada no tiene ningún coste y desde la zona céntrica de la ciudad se llega bastante rápido.


En el interior es donde está la chicha. Aunque es verdad que mucha gente sale decepcionada de la visita por la simplicidad del interior del palacio, el museo en sí ya hace que la entrada merezca la pena. La exposición permanente está formada por 420 obras distribuidas en tres pisos, de las cuales 24 son de Gustav Klimt, lo que lo convierte en la mayor colección de Klimt del mundo.


El recorrido empieza con la historia del Belvedere, y sigue con obras de la Edad Media, el Barroco, el Clasicismo y el período Biedermeier. También incluye el modernismo vienés y el arte de 1900, donde se encuentra El besode Klimt, que es su obra más famosa. Por último, se puede ver el período de entreguerras y la posguerra.
Todas las salas merecen bastante la pena, pero por si vais con el tiempo justo os dejo un recopilatorio de las obras más destacadas.
El Beso, de Gustav Klimt
El beso, esuna apasionada escena de amor, que con el tiempo se ha convertido en su obra más icónica. El beso es la culminación del particular estilo de Klimt, caracterizado por sus personajes lánguidos y el uso de materiales como el oro. Una imagen convertida en un símbolo universal del amor y utilizada por cientos de empresas para sus anuncios y productos.

El Girasol, de Gustav Klimt
Los paisajes de Klimt pueden considerarse trabajos de relax, ya que las obras figurativas le causaban bastante estrés debido a los plazos de entrega. Buena parte de ellos se realizaron en verano y algunos fueron ejecutados en el jardín del estudio del pintor. El estilo de esta obra recuerda al puntillismo al aplicar los colores a base de pequeños trazos, especialmente en las flores.

Campo de amapolas, de Gustav Klimt
La pintura » Amapolas florecientes » tiene un fuerte toque impresionista y puntillista. En esta obra decide subrayar la apariencia naturalista de la luminosidad de la luz solar, utilizando colores lisos en pequeños puntos y pinceladas. De esta forma, lo que adquiere un color y una textura muy específico.

Huerto con girasoles, de Gustav Klimt
En esta obra Klimt representa una cascada florida que ocupa el centro de la composición y que se extiende hacía los laterales de la misma. El girasol constituye el claro ejemplo de la evolución permanente en la que se encontraba el espíritu creador del artista, la naturaleza ha alcanzado tal grado de desarrollo en el lienzo que casi puede hablarse de un retrato más que de un paisaje.

Una avenida en el jardín de Monet en Giverny, de Claude Monet
Se trata de una obra en la que Monet usa los tonos violetas y púrpuras de los jardines de su casa en Giverny. Alquiló esa casa en 1880 y terminó comprando y creando los jardines que tantas veces reflejó en los lienzos. Esta casa fue donada por su hijo a la Academia de Bellas Artes de Francia, y abierta al público como atracción turística.

La familia, de Egon Schiele
Schiele pintó este cuadro, que dejó sin acabar, el mismo año de su muerte. La figura masculina es él, y la femenina es su esposa Edith. El niño fue añadido más tarde, cuando el pintor supo del embarazo de su mujer. La obra aparece con el nombre de “Pareja humana en cuclillas”, aunque una vez fallecido el pintor se le puso el nombre de “La familia”.

La Muerte y la doncella, de Egon Schiele
Esta pinta es un reflejo del estado de ánimo del autor estando al borde del servicio militar obligatorio para la Primera Guerra Mundial, la obra sugiere la certeza de que la muerte está cerca. Los cuadros hechos en esta época son tristes y reflejan soledad, más tarde su producción se volvería más maníaca y depresiva.

Girasol, de Egon Schiele
El motivo floral predilecto de Schiele fue el girasol , al que dedicó varias pinturas. El motivo del girasol trae a la memoria los famosos girasoles de Vicent van Gogh , artista al que Schiele admiraba.

Si os gustan los museos, os recomiendo que hagáis coincidir vuestro viaje a Viena con la noche de los museos. Ocurre una vez al año, y de 10 a 2 de la madrugada, podéis entrar en todos los de la ciudad y usar el transporte público de forma ilimitada por 12 euros. Además, una de las atracciones que están incluidas en la entrada es el uso del tranvía histórico, que todavía conserva el aspecto que tenía entonces.
Y hasta aquí el post de este mes. Espero que os haya gustado y sorprendido este lugar totalmente mágico. El mes que viene nos vemos con un nuevo destino que, estoy segura, os va a flipar. Mientras tanto, disfrutad del sol, de la playa y de la familia.
Un abrazo
| LUGAR | HORARIO | PRECIO |
| Palacio Belvedere | Alto Belvedere: todos los días de 10:00 a 18:00 horas. Bajo Belvedere: todos los días de 10:00 a 18:00 horas (miércoles hasta las 22:00 horas). Establos de palacio: todos los días de 10:00 a 12:00 horas. | Adultos: 24,90 € (Alto y Bajo Belvedere y Orangerie) Estudiantes y mayores de 65 años: 21,90 € Menores de 18 años: entrada gratuita. Acceso gratuito con Vienna Pass |
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